Crónicas de una pulga asustada: La hora del baño.

Llegó el momento, llego la hora, no hay vuelta atrás, todo esto reflejan los ojos de Love, una perrita sietemesina, medio cocker, medio golden, o simplemente chusqui, la verdad es que da igual. Ella lo sabe, Margarita prepara el baño, saca el secador, busca la toalla de Love, es un ritual, la ducha se acerca.

Love mira inexpresiva, no sabe si correr o esconderse, no sabe si fingir dormir o rascarse.

 

Pero parece que rascarse es la mejor opción, después de todo tiene días con una comezón. Love comienza asociar la comezón con visitar la casa de la abuela, es un territorio dulce para ella, donde visita viejos amigos y familiares, pero siempre, siempre, regresa con comezón. Y aún peor, parece que rascarse es igual a baño ¿Cómo es que algo tan rico como acariciar la comezón con sus largas garras, termina en algo tan desagradable como la ducha?

 

Lo que Love no sabe es que causa esa comezón, la verdad no creo que se lo haya ni siquiera planteado, después de todo ¿Es un perro, no? No conozco el primer canino hasta ahora que se haga preguntas existenciales.

 

Dentro de su pelaje, arrastrándose por su piel, recorre su pequeño cuerpo un ser aún más diminuto, casi inapreciable para la vista humana, recorre su cuerpo. El terror de los perros en Lima tiene nombre y apellido, la pulga, un insecto capaz de saltar hasta 38 veces su tamaño, sí, 38 veces ¿Te imaginas poder saltar 38 veces tu tamaño? Sin duda alguna llegarías en menos de 10 minutos al trabajo.

Un insecto que se alimenta de sangre, en este caso, de la sangre de Love para ser más exactos. La pulga, fiel a su estilo, se aleja del peligro de un salto, pero asta vez el tiempo no le alcanzo o simplemente no se dio cuenta. Parece que casi 25 días de vida no le alcanzaron para reconocer el rito del baño.

 

Margarita recoge a Love del piso del cuarto ¡Rayos Love, deja de hacerte la dormida y pasa al baño cuando te llamo! Vocifera Margarita al tiempo que recoge a Love. Vamos, que es tiempo de tu baño, finaliza Margarita con voz más tenue. Se dice que los perros pueden reconocer hasta 2000 palabras, púes, Love sí que reconoce esa palabra en especial. Lástima que las pulgas no reconocen ninguna, quizás así por lo menos se lo podrían pasar de boca en boca.

Y empieza el momento, comienzan a caer gotas de agua, una tras otra, hasta forma un chorro de agua uniforme que impacta en el cuerpo de Love. Todo se inunda, viene desde la cabeza hacia la cola ¿De dónde ha salido tanta agua? Se pregunta la pulga, si es que acaso puede. Busca un lugar donde esconderse. El hocico esta muy lejos; la pulga se encuentra en la parte media del lomo, para cuando se da cuenta que puede correr hacia la barriga de Love, ya es muy tarde, el agua le ha alcanzado, no le queda de otra que aferrarse con sus patas tan fuerte como puede. El agua no deja de fluir, pareciera que cambiara de direcciones, de la cabeza a la cola, de la izquierda, de la derecha, de la cola a la cabeza. La pulga es llevada de un lado a otro como una hoja por el viento.

 

Finalmente deja de fluir el agua, ha pasado la inundación, parece que todo vuelve a la calma. La pulga está cansada, está confundida, siente sus pequeñas patas adoloridas. La pulga se ésta recuperando de aquel chaparrón de agua inexplicable. La luz se hace más fuerte, el pelaje de Love se abre en dos, abriendo paso a dos dedos enormes que se acercan a ella ¿Qué? ¿Todavía no acaba? Hubiera pensado la pulga, si es que contará con esa capacidad. Se vuelve aferrar con las fuerzas que le quedan, sin mayor éxito, es arrancada de la piel de Love y puesta entre dos uñas. Margarita acaba en un segundo con los contados días de la pulga.

Por Juan Carlos González/CUENTOS Y RELATOS